Humboldt, el último científico universal

(Por: Sergio Chapman).- Con éxito se llevó a cabo el conversatorio Alexander Von Humboldt en Venezuela, abierto a todo público y conducido por el oncólogo, docente universitario e historiador Luis Capote Negrín.

La actividad fue patrocinada por la Muy Respetable Gran Logia Nacional Venezolana -GLNV- en su sede situada en la quinta Sonia, Colinas de Bello Monte, Caracas, como parte de la gestión que desarrolla el Muy Respetable Gran Maestro de esa institución, Sixto López González.

En la década de los 60, de Altagracia a Salas en la capital de la República, por las noches se podía observar, desde las ventanas de los apartamentos que tienen vista hacia la calle, la iluminación del aún imponente Hotel Humboldt, y un niño todos los días se preguntaba quién habrá sido ese señor y por qué habrán bautizado, con su nombre, esa edificación ubicada en lo alto del Warairarepano, inaugurada el 29 de diciembre de 1956.

Humboldt no solo es el hotel, también es un pico de la Sierra Nevada de Mérida, un monumento natural (conocido popularmente como la Cueva del Guácharo), el planetario del parque caraqueño Generalísimo Francisco de Miranda (Parque del Este), la Sima Meseta del Tepuy Sarisariñama (estado Bolívar) y hasta un centro comercial que queda al lado del Concresa en Caracas; no obstante poco se habla de quién fue.

En Venezuela estuvo 394 días, desde su llegada a Cumaná el 16 de julio de 1799 hasta su partida el 24 de noviembre de 1800.

“Nacido en Berlín (Prusia), el 14 de septiembre de 1769 y fallecido, en esa misma ciudad, el 6 de mayo de 1859, por su legado a la ciencia y la comprensión de la naturaleza, Humboldt debería ser considerado, sin incurrirse en una notable exageración, como el más grande naturista de la humanidad. Fue geólogo, mineralogista, astrónomo, explorador, sismólogo, vulcanista y demógrafo”, acota el historiador Luis Capote Negrín. Charles Darwin dijo que a él le debía todo. El Libertador Simón Bolívar lo llamó “el descubridor científico del Nuevo Mundo”.

Contexto histórico

Su formación científica, así como su visión cosmopolita, fue posible gracias al ambiente intelectual que ofrecía Berlín y por haber venido al mundo en el Castillo de Tegel, en el seno de una familia acaudalada y culta.

Era la época de la Ilustración (la razón, la ciencia y la educación constituyeron herramientas para el progreso humano. Surgieron figuras como Voltaire, Rousseau y Montesquieu), la Revolución Industrial (mecanización de la producción, florecimiento de los urbanismos y de la clase obrera), la Revolución Americana (entre 1775 y 1783), la Revolución Francesa (que en 1789 abolió la monarquía absolutista, estableció la República y promovió la libertad, la igualdad y la fraternidad), el progreso científico (Isaac Newton, Benjamín Franklin y Antoine Lavoisier realizaron descubrimientos fundamentales en física, electricidad y química), la cultura y las artes (en música destacaron compositores como Mozart, Haydn, Beethoven y Bizet; y en pintura el neoclásico francés Jacques-Louis David, el afamado pintor y grabador español Francisco de Goya y el igualmente neoclásico francés Jean-Auguste-Dominique Ingres).

Estudió Economía y Finanzas en la Universidad de Fráncfort del Órder (1787), Ciencias Naturales en la Universidad de Gotinga (1788) y en la Escuela de Minas de Freiberg (1789) alcanzó el título de Ingeniero de Minas.

Trabajó en un departamento del Gobierno, pero la muerte de su madre, a finales de 1796, le permitió renunciar a su carrera de funcionario público prusiano y dedicarse a sus ambicionados viajes científicos. Para ello, disponía de suficientes fondos económicos derivados de su herencia, así como de grandes ideas por su relación con personalidades como Johann Wolfgang Von Goethe y Friedrich Schiller.

Aimé, su inseparable compañero

Aimé Jacques Alexandre Goujaud, conocido como Aimé Bonpland, nació el 28 de agosto de 1773 en La Rochelle, Francia. Fue un destacado naturalista, botánico y explorador. Se gradúo de medico en la Universidad de París, pero su verdadera pasión fue la botánica.

Acompañado por él, Humboldt viajó a España recorriendo a pie la costa mediterránea, desde Marsella hasta las ciudades de Barcelona, Valencia y Alicante (diciembre de 1798 a junio de 1799).

Al llegar a Madrid, Humboldt ya había elaborado el primer esquema seccional preciso del relieve de la península ibérica, gracias a que a lo largo del camino fue tomando medidas de altitud. En esa ciudad fue que obtuvo dos salvoconductos, uno otorgado por Mariano Luis de Urquijo y el otro extendido por el Consejo de Indias, para realizar una expedición científica a América del Sur. Durante este viaje, que duró de 1799 a 1804, Bonpland, el inseparable compañero, recolectó y catalogó 60 mil plantas, muchas de las cuales eran desconocidas en Europa. Publicó varios volúmenes sobre sus hallazgos, incluyendo la obra Voyage aux régions équinoxiales du nouveau continent.

Después de regresar a Francia, Bonpland trabajó como botánico para la emperatriz Josefina. En 1816, decidió volver a América y se estableció en Argentina, donde vivió hasta su muerte, el 11 de mayo de 1858, en Santa Ana, provincia de Corrientes.

Cambio de libreto

“Si no se hubiera desatado la epidemia, jamás habríamos llegado al Orinoco, al Casiquiare y a la frontera de las posesiones portuguesas”. Este comentario de Humboldt aparece en sus notas de 1800, cuando ya había recorrido gran parte del territorio venezolano.

Su destino original era México y La Habana, pero la fiebre tifoidea obligó al capitán del barco a desembarcar en Cumaná el 16 de julio de 1799, lo que marcó el inicio de su célebre expedición por Venezuela.

Humboldt veía el azar no como una simple casualidad, sino como una fuerza reveladora, capaz de abrir caminos inesperados al conocimiento.

“Su experiencia en nuestro territorio transformó profundamente su visión de la naturaleza tropical y lo llevó a formular ideas pioneras sobre ecología, geografía y cambio climático inducido por el ser humano”, señala el historiador Luis Capote Negrín.

Cumaná, una belleza

En julio de 1799, a tres días de su desembarco en Cumaná, escribió su primera carta a su hermano Wilhelm, en la que abunda en detalles sobre lo maravillado que lo tenía la naturaleza.

 “¡Qué numerosas son también las plantas más pequeñas aún no examinadas! ¡Y qué colores poseen los pájaros, los peces, hasta los cangrejos!

Hasta ahora nos hemos paseado como locos. En los tres primeros días no hemos podido enfocarnos en nada, porque se rechaza un tema para interesarse por otro”.

Agenda de 1799

Cumaná: Desembarco en tierra firme. Observaciones astronómicas y meteorológicas (16 de julio).

Araya, Manicuare: Estudio de las salinas y de la geografía costera (julio, agosto).

Cariaco: Exploración de la costa (agosto).

Cumanacoa: Entrada al valle; observaciones botánicas (4 de septiembre).

San Fernando: Pernocta en la antigua Misión. Inicio del ascenso a Turimiquire (5 y 6 de septiembre).

Caripe: Estancia en el convento. Exploración de la Cueva del Guácharo (7 al 10 de septiembre).

Santa María y Golfo de Cariaco: Travesía hacia la costa. Embarque nuevamente hacia Cumaná (11 al 15 de septiembre).

Cumaná: Salida vía terrestre hacia Caracas (18 de noviembre).

El historiador Luis Capote Negrín manifiesta que este recorrido, de aproximadamente cuatro meses, fue clave en los estudios de Humboldt de geología, botánica, zoología y climatología tropical. También realizó mediciones magnéticas y recolectó miles de muestras naturales.

Bautizo del guácharo

Humboldt bautizó científicamente al guácharo como steatornis caripensis, es decir, “ave aceitosa de Caripe”.

Su relato inspiró a exploradores como Agustín Codazzi, Ferdinand Bellermann y Antón Goering, y convirtió la cueva en un símbolo de la biodiversidad venezolana.

Observó que los guácharos se alimentaban de frutas oleosas y que los indígenas recolectaban la grasa de sus polluelos para cocinar y alumbrar.

Viaje a Caracas

Humboldt describió la costa norte de Venezuela como abrupta y escarpada, con acantilados que contrastan con las playas de Cumaná.

Señaló la influencia de la corriente del Caribe y de los vientos alisios, que favorecen la navegación hacia el oeste.

Hizo mención de las dificultades del paso en las proximidades del Cabo Codera.

Registró temperaturas elevadas y cielos despejados, con especial atención en la luminosidad tropical.

Bonpland desembarcó en Higuerote y siguió el viaje por tierra, con la mayor parte de la carga; mientras que Humboldt continuó por mar hasta La Guaira. Allí se maravilló por la transparencia del agua, la intensidad y la pureza del aire costero. Comentó sobre la hospitalidad de los pescadores locales, como Carlos del Pino, quien lo acompañó desde su llegada en 1799.

Humboldt se fue a Caracas por el Camino de los Españoles. Sintió una consideración especial por ella. Admiró la belleza de su valle, lo imponente de la montaña que la envuelve en su fachada norte y las hermosas serranías del sur.

Le llamó la atención la bonanza del clima y al recibir la información de que así se observaba la mayor parte del año, le otorgó el atributo de “Ciudad de la Eterna Primavera”.

Humboldt y Bonpland se dedicaron a explorar los alrededores de Caracas y el 2 de enero de 1800 ascendieron a la Silla de Caracas, que junto al Pico Naiguatá y el resto de la serranía conforman la cadena montañosa que los aborígenes llamaron Warairarepano.

Intensa actividad cultural

Humboldt destacó que en la Caracas que él vio se presentaban:

Espectáculos teatrales.

Zarzuelas y comedias españolas (muy populares entre la élite criolla, con obras de autores como Ramón de la Cruz).

Óperas italianas (presentadas por compañías itinerantes, especialmente en festividades religiosas o patrióticas), danzas y sainetes (representaciones breves con tono humorístico, accesibles a públicos más amplios).

Obras religiosas (dramas sacros y autos de fe, especialmente en fechas litúrgicas).

Espectáculos musicales (conciertos de piano, violín y canto lírico, a menudo en salones anexos a los teatros).

Situación antrópica

Humboldt también conoció el Lago de Valencia, lo comparó con los lagos alpinos por su belleza escénica, destacando sus islas pintorescas cubiertas de vegetación exuberante.

Identificó 15 de ellas, agrupadas en tres conjuntos, siendo la más grande la del Burro, habitada por mestizos que criaban cabras y vivían en condiciones sencillas.

Se dio cuenta de que el lago estaba retrocediendo, separándose de la ciudad de Valencia por más de cinco kilómetros, lo que atribuyó a causas antrópicas como la tala y el desvío de riachuelos para cultivos.

Árbol vigoroso y frondoso

Como anécdota, el historiador Luis Capote Negrín contó que el fotógrafo Húngaro Paul de Rosti tomó en 1849 una fotografía al Samán de Güere y a su regreso a Europa la mostro a Humboldt, quien señalo “Este hermoso árbol, que yo contemple en mi juventud, sigue siendo hoy vigoroso y frondoso y yo soy solo una ruina listo para que me lleven a la sepultura”.

Biodiversidad tropical única

Humboldt recorrió nuestra vasta región llanera entre marzo y abril de 1800, especialmente en zonas como Calabozo, San Fernando de Apure y las riberas del río Apure, antes de dirigirse al Orinoco.

“Parecen una inmensidad horizontal, casi sin límites, donde el cielo y la tierra se funden”, dijo. Comparó su extensión con las estepas rusas y las praderas norteamericanas, pero con una biodiversidad tropical única.

Igualmente observó la alternancia estacional entre sequía extrema y lluvias torrenciales, que transformaban el paisaje de polvo a pantano.

Quedó fascinado por la abundancia de caimanes, chigüires, jaguares, garzas y tortugas.

Carta itineraria

Humboldt elaboró la Carte itinéraire du tour de l’Orénoque, un mapa detallado basado en observaciones astronómicas, publicado en París en 1814.

Confirmó la existencia del Caño Casiquiare, canal natural que une al Orinoco con el Amazonas y fijó sus coordenadas con precisión científica.

Describió los raudales de Atures y Maipures como barreras naturales imponentes y los representó en planos anexos a su carta.

Le impresionó la biodiversidad tropical, registrando muchas especies de peces, aves, mamíferos y plantas únicas.

Documentó la laguna Vasiva (de aguas negras) y la fauna fluvial de los ríos Negro y Casiquiare.

Observó la interacción entre clima, vegetación y fauna, anticipando conceptos ecológicos modernos.

Fue la única exploración geográfica de su vida, lo que sentó las bases de la cartografía moderna del Amazonas venezolano.

Incorporó el Casiquiare al conocimiento científico europeo, reconociendo el mérito del padre Manuel Román que lo había descubierto en 1744.

Humboldt interpretó al paisaje como una unidad dinámica, donde la naturaleza y el ser humano están interrelacionados, además anticipó la ecología holística, destaca el historiador Luis Capote Negrín.

Despedida

De Angostura (hoy Ciudad Bolívar) Humboldt volvió a Cumana, completando su ciclo en Venezuela. Continuaría, así, su viaje por Cuba, México, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y los Estados Unidos, regresando a Europa el 1° de agosto de1804.

Humboldt murió en 1859, a los 89 años de edad, sin haber culminado Cosmos, su última publicación de la que solo se habían editado cinco de los libros que formarían una extensa colección. Su obra más esperada quedó inconclusa.

A partir de su muerte, ya nadie pretendió abarcar todos los campos del saber en las ciencias naturales, señala Luis Capote Negrín a quien, al finalizar el conversatorio le fue reconocido, con la entrega de un certificado expedido por la Gran Logia Nacional Venezolana, la extensa investigación que realizó acerca de Alexander Von Humboldt, a quien considera el último científico universal.

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