
En la Masonería aprendemos a distribuir el tiempo con sabiduría: 8 horas para el trabajo, 8 para el descanso… y 8 para el gozo fraternal. Porque no todo es plancha, tenida y protocolo: también hay espacio para el sabor, la risa y el compartir que fortalece los lazos.
Hoy, entre cortes jugosos y copas sinceras, celebramos que la verdadera unión se cocina con afecto, se sirve con alegría y se acompaña con buen vino.
¡Salud, hermanos!
Que nunca falte el tiempo para disfrutar lo que nos une.






